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Diseño Humanitario: Imperialismo disimulado?

Un vistazo a un reciente debate en torno al trabajo de Project H Design, y un análisis breve del Diseño Humanitario como tal

Emily y Nussbaum

El día 7 de Julio, Bruce Nussbaum publicó un artículo en el blog de fastcodesign, donde lanza una controversial pregunta al aire: ¿Es el diseño humanitario un imperialismo disimulado? ¿En nuestro deseo de hacer el bien, no estamos haciendo un daño en su lugar?
Nussbaum es editor y escritor de BusinessWeek, experto en áreas de innovación y pensamiento orientado al diseño. Fue nombrado como una de las 40 personas más poderosas en diseño por la revista I. D., en 2005. En pocas palabras, es una persona con una voz importante y una trayectoria larga en editorialismo acerca de diseño. Lo más interesante es que, con un trasfondo así de contundente, puso sobre la mesa una interrogante de ese tipo. Pero más interesante aún, es la manera en que dirigió su crítica casi exclusivamente a Emily Pilloton, fundadora de Project H Design, y una de las exponentes más conocidas actualmente del movimiento de ‘diseño humanitario’.
Nussbaum comienza alabando la misión esencial del Project H Design, que consiste básicamente en poner al servicio de las comunidades más necesitadas la visión crítica del Diseño, y la firme creencia de que este último puede cambiar al mundo. Sin embargo, rápidamente comienza a cuestionar si en verdad las comunidades desean recibir el apoyo de organizaciones como H Design, y plantea la posibilidad de que dichas comunidades manifiesten un rechazo hacia extranjeros, desacreditando sus intentos inicialmente ‘nobles’ por ayudar. Nussbaum fue miembro de los cuerpos de paz en Filipinas, y hace una analogía con la manera en que los filipinos rechazaban la ayuda occidental, tachándolos de imperialistas disimulados.
Entre otros ejemplos, menciona al proyecto de One Lap per Child, y explica la manera en que una intención innovadora y basada en un genuino deseo de ayudar, así como un equipo creativo impecable (entre los participantes en el proyecto se encuentran el MIT Media Lab, Pentagram, Continuum y fuseproject) fueron insuficientes para volver al proyecto un éxito rotundo. Y todo por un simple factor: desinformación. Un post en el sitio de OLPC//NEWS explica detalladamente la manera en que es prácticamente imposible afrontar los gastos de un proyecto de ese tipo, principalmente por que el costo para dotar a los 100 millones de niños que hay en India (de los cuales un 90% abandona los estudios después del 12vo grado) rebasa por mucho el presupuesto total anual destinado para educación en su país.
Evidentemente, una respuesta por parte de Emily no se dejó esperar, y a través de una publicación en el mismo blog, acepta que su primer proyecto, el rediseño del Hippo Roller (que consistió en rediseñar un dispositivo para transportar grandes cantidades de agua en comunidades africanas) pudo haber sido precipitado y un poco descuidado, pero fue impulsado por un sincero deseo de ‘comenzar a actuar’, de tomar una iniciativa. Las fallas detectadas en el proceso, llevaron al equipo de Project H a una reinterpretación de sus modelos de acción, y actualmente trabajan exclusivamente de manera local. De hecho, para ser precisos, están apostando con mucho entusiasmo a la educación a través de su proyecto Studio H, un programa de preparatoria que combina pensamiento orientado al diseño, entrenamiento técnico y un sentido de ciudadanía y comunidad, para preparar a jóvenes de escasos recursos con herramientas para solucionar problemas de vida. Y en este sentido la publicación de Nussbaum es sumamente equívoca y carente de fundamentos, ya que acusa claramente a Pilloton de buscar solucionar problemas en África, ignorando los problemas más básicos de su propia comunidad.
Además de la respuesta de Emily, diversas publicaciones en otros medios no se hicieron esperar. Susan S. Szenasy, periodista de diseño, publicó en el blog de MetropolisMag.com una respuesta titulada ‘Why Bruce Nussbaum needs Emili Pilloton’, en la cual señala una notoria brecha generacional entre veteranos como Nussbaum, a quienes describe como portadores de ideas preconcebidas acerca del diseño humanitario y el imperialismo cultural, mientras que resalta en Emily las cualidades de una nueva generación que “se aventura, genera lazos y comunidades, hace que las cosas sucedan, y utiliza al diseño como una conversación acerca de lugares, objetos, la vida, la usabilidad y el valor humano“. Comentario sumamente interesante, particularmente al provenir de una escritora que en 1986 estaba siendo nombrada como editora en jefe de la entonces emergente revista neoyorquina ‘Metropolis’.
El Austin Center for Design, un instituto de enseñanza de diseño con sede en Austin, Texas, con un enfoque hacia el desarrollo de conocimientos para atacar problemas sociales y humanitarios, publicó una breve pero significativa réplica a los argumentos de Nussbaum. Dicha publicación, a cargo de Jon Kolko, habla del ‘co-Diseño’ (co-design), y de la manera en que por lo menos durante los últimos cuarenta años, diversas personalidades han aportado estudios y teorías significativas para la construcción de una práctica de diseño humanitario y colaborativo. Y en ese sentido, Kolko expresa una profunda tristeza ante la reducción de un concepto tan amplio, a términos tan arbitrarios como ‘Imperialismo disimulado’. Además de un extenso listado de referencias hacia personalidades que plantearon las bases del diseño humanitario (honestamente muy recomendable de revisar), Kolko llega a una conclusión que en lo personal, resulta de lo más inspiradora: más allá de la polémica en torno a la opinión de Nussbaum, o de sus verdaderas intenciones al publicarla, Kolko considera las reflexiones de Nussbaum como el Zeitgeist que augura lo que es digno de ser discutido hoy en día.
Y precisamente esto último nos provoca escalofríos; la ubicuidad y unanimidad con que es declarado al diseño humanitario como algo más allá de un tema de moda, y la manera en que es aceptado como algo natural, necesario y totalmente relevante para la sociedad en la que nos desarrollamos hoy en día. En este sentido, el reconocimiento masivo del Diseñador como un ente responsable y apoderado para la promoción del bien colectivo se materializa en un estandarte digno e indispensable de portar con orgullo.
A pesar del papel del Diseño como combustible para el crecimiento económico y el desenvolvimiento cultural y tecnológico del ser humano durante el siglo pasado, los ideales de la profesión parecieron -en la mayoría de los casos- considerablemente alejados de la resolución de los verdaderos problemas humanos. En ese sentido, no es sorpresa que prevalezcan cuestiones como la pobreza, el analfabetismo, la falta de vivienda, etc. Sin embargo, cada vez más y más se vuelve tangible un interés por parte del gremio creativo (hablando en un sentido global) en migrar hacia un modelo de vida y desempeño laboral comprometido con su entorno y quienes lo habitan juntamente. Como pensadores pragmáticos, nos volvemos más y más conscientes de una verdad fundamental en torno al Diseño: solamente a través de la democratización del proceso creativo es que los diseñadores pueden recibir retroalimentación directa de parte de los seres humanos destinatarios del trabajo de diseño, entiéndase ‘la gente normal’ (considerados, por lo tanto, expertos fundamentales). Esta retroalimentación, traducida apropiadamente –a través de pensamiento sensible y orientado al diseño– hacia soluciones social y culturalmente relevantes, conforman el ingrediente principal en el diseño humanitario proclamado por Pilloton, por Szenasy, Kolsko y definitivamente una cantidad cada vez más extensa de diseñadores internacionales y locales.
En este sentido, a pesar de los muchos errores diplomáticos y argumentativos de Nussbaum, el opinionado escritor tiene un punto sumamente importante: una buena intención no basta por sí sola, sino que requiere un verdadero compromiso, el desarrollo de herramientas y ambientes colaborativos, extensas investigaciones y, sobretodo, la creación de lazos significativos y un entendimiento amplio de las necesidades del usuario final.
La definición del Diseñador contemporáneo no cabe ya dentro de un simple facilitador de servicios estéticos, ni mucho menos dentro de un ente alienado y excéntrico. Ante todo, somos seres con extraordinarias capacidades analíticas, creadoras y transformadoras, y por ende con una inmensa responsabilidad de desarrollar una verdadera empatía y un profundo entendimiento de nuestra realidad y contexto de vida.
Si desean conocer más acerca de diseño humanitario, les recomendamos conocer más del Project H Design, el increíble Proyect M, y una excelente guía para el Diseño Centrado en Humanos creada por IDEO, y descargable de manera gratuita. Por supuesto, estos son solamente tres ligas de nuestro agrado: ¡esperamos que deseen extender esta lista y enriquecer este tema a través de sus comentarios!

3 Comentarios para “Diseño Humanitario: Imperialismo disimulado?”

  1. “un entendimiento amplio de las necesidades del usuario final.”

    Evidentemente es un tema para ser expuesto, compartido y profundizado.
    Había ignorado la existencia de grupos de diseñadores dedicados a lo que yo conozco como diseño social.

    Estoy de acuerdo con varios puntos:
    1. Comenzar local: Actuar evitando el agobio que trae consigo la creciente comunidad global.
    2. Crear lazos: Compartir
    3. Lograr un favorable factor de cambio.

    Éste tipo de post se agraden. Reparto equitativo del material hereditario.

  2. Tienes razón Gaby: totalmente necesario exponerlo, compartirlo y profundizarlo. Es interesante la manera en que te refieres a un ‘agobio por la creciente comunidad global’; ya que en ese sentido comenzar local no solamente resulta conveniente (en términos de logística y alcance), sino también terapéutico.

  3. Hay un muy buen resúmen de las discusiones generadas
    al rededor de este debate en Design Observer:
    http://changeobserver.designobserver.com/entry.html?entry=14498